¿Estás pensando vivir en Alemania? Entonces en esta oportunidad te quiero hacer una pregunta: ¿Estás dispuesto a desintegrarte para integrarte? o dicho de otra manera: ¿a desaprender para aprender?

Si tu respuesta es que sí, entonces estás listo para emigrar y vivir en Alemania.

¿Pero qué quiere decir exactamente mi pregunta?

Intentando resumirles un poco cuales son los principales obstáculos que deberán enfrentar al llegar a Alemania, me topé con el concepto de “desintegración” que me pareció fantástico para explicar parte del proceso que uno transita al tomar la decisión de dejar la zona de confort y emprender nuevos desafíos.

A mi entender hay distintos momentos que transitamos todos los que decidimos emigrar y aquí detallo algunos:

Primera etapa al vivir en Alemania

Al primer momento lo llamaré “aprendizaje del funcionamiento del sistema”: aprender como funciona todo el sistema alemán puede llevar mucho esfuerzo. Al llegar todos sentimos preocupación por conseguir una vivienda con permiso de empadronamiento (la famosa Anmeldung), pero sin trabajo nos resulta difícil encontrar una vivienda.

¿Qué propietario alquilaría su bien sin seguridad de que se la podríamos pagar? Y entonces entramos en un círculo vicioso – “Teufelkreis”- en alemán. Ni hablar de sacar el número fiscal, que te lo envían por correo o de elegir un seguro médico.

¿Cómo debo tramitar todo eso sin un domicilio fijo? Otro objetivo al llegar es conseguir trabajo con o sin el idioma, ¡pero conseguir un trabajo!

¿Y qué ocurre si no tienes el alemán suficiente para trabajar? Pues tienes que ocuparte de empezar un curso de integración subvencionado por el estado, que no es tarea fácil, ya que muchas veces hay listas de espera o coincide justo con ese posible horario laboral que estás esperando que te confirmen.

Aprender sobre el sistema se torna muchas veces frustrante, pero como todo proceso de aprendizaje lleva esfuerzo.

Segunda etapa al vivir en Alemania

El segundo momento lo llamaré “enamoramiento del sistema”: Un tiempo después de llegar a Alemania consigues vivienda, tienes un trabajo que te permite soñar con un futuro más seguro  y empiezas a entender más la lengua y su cultura.

Al poco tiempo, vas conociendo gente e intentas hacer actividades que jamás imaginaste para insertarte en el mundo alemán. Ya tienes algunos amigos alemanes y los fines de semana te juntas a caminar por el bosque aunque las temperaturas sean bajo cero.

Cuando escuchas un poco de español, te alejas porque deseas profundamente hablar alemán lo mejor que puedas para integrarte lo más rápido posible. Estás realmente contento cuando puedes calcular exactamente el horario en el que pasa el tren o el bus y cuando tienes que hacer un trámite en alguna oficina del estado, te encanta que todo este bien organizado.

Los sábados por la mañana visitas el mercado, le das importancia a los alimentos orgánicos y te parece fantástico que los domingos esté prácticamente todo cerrado para disfrutar el día con la familia. Empiezas a ir al servicio dejando tu ordenador en la mesa del café o vuelves a caminar por la calle con la mochila colgada en la espalda.

Alrededor de las 19 horas tu estomago empieza a sonar pidiéndote una cena muy liviana -“Abendbrot”- en alemán. Cuando hablas con tu familia o con tus amigos empiezan a decirte que no logran entenderte porque hablas en un tono muy bajito y cuando ellos te contestan bajas el sonido del teléfono. Y es cuando las largas conversaciones por videollamadas pasan a ser más esporádicas porque no puedes estar todo el día intentando achicar la distancia.

Ahí es cuando claramente crees que te estás “integrando” a la sociedad alemana.

Tercera etapa al vivir en Alemania

El tercer momento y último que te quiero contar es el de “la desintegración”: la búsqueda de la propia identidad en el país ajeno. Es, para mí, cuando te reconcilias con tu país de origen y dejas al mismo tiempo de idealizar al país que te acoge. Es cuando comienzas a buscar lo positivo de tus dos nuevos hogares y de las dos culturas.

Sin estigmatizar todo lo que te llevó a tomar la decisión de partir, ni idealizar que en Alemania todo es fantástico y perfecto.

Es cuando nuevamente buscas gente que hable español para compartir un mate, una cerveza, un jamón de bellota o lo que más te identifique con los tuyos, pero en la calma de la selva negra con un frio terrible.

Es cuando el idioma alemán deja de ser una sombra y ya comienzas a soñar en él. Es también cuando mezclas ambas lenguas sin darte cuenta y ya pierdes el miedo de equivocarte en el artículo del sustantivo y te parece más importante poder expresarte libremente.

Te encuentras en esta última etapa, cuando notas que un poco de ruido en una avenida, te hace en realidad bien y que en el tren te gusta que la gente este en silencio respetando al otro. Es cuando intentas que tus dos mundos se unan y aceptas finalmente que en tu nueva realidad pueden convivir las dos maneras.

Definitivamente cuando dejamos nuestra zona de confort, cambiamos. Nos cuestionamos todo lo que hemos aprendido hasta el momento y tendemos a necesitar tiempo para reacomodarnos y encontrar las herramientas que necesitamos para construir y fortalecer nuestra propia identidad en un país que nos abre las puertas, pero que nos obliga y con todo derecho a integrarnos a su sociedad que es en muchos aspectos muy diferente a la nuestra.

Es por todo esto que te recomiendo que antes de hacer las maletas te preguntes: ¿estoy  realmente dispuesto a desaprender para aprender?

Comenta si has experimentado algo de todo esto.  ¿En qué momento te encuentras?

PD: Conoce nuestros cursos de todos los niveles para aprender y perfeccionar alemán